Reflexión de una tarde de Riego

Imaginad: una tarde dominical a dos horas del ocaso, con los pies sobre la seca tierra de un paraje de secano de Levante en la vega de un intermitente río mediterráneo a pies de una cadena montañosa que verdea y no hace embajada a los áridos campos que hay a su alrededor. En esa estampa me encontré yo hace poco más de una semana. Algunos pensaréis que es triste que una tarde de domingo se trabaje… Pero eso es otra historia. De lo que me dí cuenta es del silencio que había y el sosiego que podía respirar: sólo se escuchaba la suave brisa que da bienvenida al otoño rozando las hojas de los árboles, algún pájaro que pudiera rondar por allí y el curso del agua sustrayendo tierra de la efímera reguera que daba lugar a poner mi mente en blanco. Cuando quedaba poco para el ocaso el silencio se agudizaba a la vez que la luz de la jornada se iba atenuando. Entonces, encontré lo que muchas veces estaba buscando: la intimidad de la Soledad. A partir de ese momento surgieron muchos pensamientos: pensé en autores que forjaron su literatura con la ayuda de la soledad como Thoreau en su famoso libro “Walden, la vida en los Bosque” ó a Hemingway en “El Viejo y el Mar” (quitando la parte pesimista del libro)

2014-10-25 16.59.05

Riego a portillo de apoyo debido a la pertinaz sequía

Así que cuando eché el agua a una tabla donde Ella podía surcar, penetrar y luchar en aquella tierra malherida por la actual pertinaz sequía y dar fuerza a aquellos árboles; yo decidí sentarme sobre el caballón colindante, poner la vista a poniente sin dejar de vigilar las aguas y decidí sacar un cigarrillo de uno de mis bolsillos. Tras prender el cigarrillo, soltar una bocanada de humo y separarlo de mis labios, lo mire y, como siempre cuando estoy sólo, le pregunto al cigarrillo: “¿Qué cojones haces para siempre tenerte a mi lado?”. Rehúso la clásica pregunta que, casi siempre, me hago yo mismo y contesto a mi propia pregunta y ya empiezo a pensar en algo más trascendental: Por qué la humanidad nos hemos impuesto el trabajo como una obligación. Tras esta entrada, argumento a mi mismo: Thoreau sólo trabajaba para comer y cuando comía descansaba, paseaba, leía o hacía lo que le daba la gana. Los animales, aunque no sean racionales, sólo gastan energías para encontrar alimento; el tiempo que les sobra lo gastan en descansar y copular prácticamente. Incluso nuestros antepasados inventaron la agricultura y la ganadería para que la humanidad estuviese más tranquila. Luego también me surgió otras preguntas más personales en cuestión de lo que llaman Amor, otras referidas a mi futuro, a mi economía… Cuando se acabó el cigarrillo, ya estaba el Sol rozando el horizonte y aquel sosiego me calmó muchísimo…

Esa tarde descubrí que mi Soledad no estaba entre cuatro paredes, sino al aire libre acorde con los componentes abióticos y bióticos que la naturaleza nos proporciona: alegría para la vista, silencio para el oído, aromas para el olfato, manjares para nuestro gusto, diversidad de texturas para el tacto y espiritualidad para el alma. Recomiendo que busquéis vuestro lugar, al fin y al cabo, todos tenemos algún o varios lugares donde nos encontramos felices.

El Solitario de Juárez

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Acerca de Solitario de Juárez

Estudiante de Bioquímica en la UMU Agricultor Runner y Caminante
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